En la OMC, “juego de culpas” amenaza al Brasil

Sérgio Leo  - O Valor Econômico de  21. 11.05

En la jerga repleta de términos en inglés de la diplomacia internacional, se usa el término blame-game (“juego de culpas”, en una traducción literal), cuando socios en una negociación desisten de llegar a algún resultado y comienzan a trabajar para responsabilizar el uno al otro por el fracaso. A tres semanas de la reunión de ministros de los 148 países de la Organización Mundial del Comercio (OMC), a realizarse en Hong Kong, el blame-game ganó fuerza, trae pésimos presagios para el comercio internacional y un gran riesgo al Brasil.

Hoy hay reunión de ministros de la Comunidad Europea para discutir cómo llevar adelante las propuestas de apertura comercial a ser discutidas en Hong Kong. Mañana, el ministro de relaciones exteriores, Celso Amorim, participará en Ginebra de una reunión del G-4, grupe que reune, además de Brasil y de la Unión Europea, a los Estados Unidos y a la India, con el objetivo de discutir salidas para los impasses que amenazan hacer fracasar la reunión de la OMC. El clima no está bueno, como lo demostró el propio Amorim el viernes en San Pablo, al comentar que sospecha de la intención, por parte de los europeos, de provocar una “crisis” en las negociaciones.

El raciocinio, esbozado por Amorim y repetido con reserva en el Itamaraty, es el siguiente: después de la pésima recepción, en la OMC, de la propuesta europea para la reducción de los subsidios a los agricultores locales y de las tarifas proteccionistas en agricultura, los europeos parecen haber elegido a Brasil como principal adversario a enfrentar, y como culpado a ser identificado en el caso de un fiasco en Hong Kong.

La presión por una apertura agrícola, en la retórica europea, perjudicaría a los países pobres de Asia, Africa y el Pacífico, antiguas colonias que, con esquemas preferenciales, le venden al mercado europeo sin pagar las altas tarifas de sus competidores más competitivos, como los del Mercosur. Además, agresivos en la presión por una reducción de las barreras en agricultura, países como Brasil e India estarían siendo poco “ambiciosos” en su esfuerzo por abrir también mercados de productos industriales y de servicios.

Amorim ya percibió el riesgo de ver a Brasil en una lista de villanos durante la conferencia ministerial de la OMC, y se esfuerza en evitar que le peguen esa etiqueta. Parte en los próximos días hacia Tanzania, para una reunión de los socios más pobres de la OMC, el llamdo G-90, donde defenderá la posición de que el actual sistema de preferencias sólo encadena esos mercados a un comercio de pocos productos con precios inestables. Va a prometer esfuerzos para garantizarles compensaciones a aquellas naciones que temen que el suculento mercado europeo quede fuera de su alcance.

 

 

Amorim va a negociar con países más pobres

 

 

En la última reunión con el comisario europeo del Comercio, Peter Mandelson, Amorim también anunció la decisión de reducir en cerca de un 50% las tarifas que la OMC le autoriza al Mercosur a cobrar en la importación de productos industriales, y garantiza tener interés en ampliar el acceso de extranjeros al mercado de servicios de Brasil.

Los europeos siempre recuerdan que Brasil ocupa un lugar sui-generis en el mercado internacional, por su potencial en convertirse en el más competitivo del mundo en agricultura. La UE, con estadísticas de entidades brasileñas tales como la Confederación Nacional de la Industria (CNI), dice además que la propuesta de corte de tarifas industriales presentada por Amorim, si bien reduce el techo autorizado por la OMC, tendrá pequeño efecto sobre las tarifas efectivamente aplicadas sobre las importaciones del país. Los europeos quieren un coeficiente de reducción que sea capaz de bajar el promedio del impuesto de importación del Mercosur, de casi un 11% a poco más del 7%.

En base al raciocinio europeo, Mandelson ya está en el límite político de las concesiones que puede ofrecer en la OMC. Para poder avanzar más, precisaría tener en manos propuestas atrayentes por parte de los socios, capaces de mostrarles a los gobiernos y electores europeos que saldrían ganando con el éxito en la OMC. Amorim afrirma que no tiene sentido imaginar que la nueva ronda en la OMC, lanzada para traer avances comerciales en la agricultura, termine con una apertura mayor en otros sectores y concesiones limitadas en el comercio agrícola.

La reunión de la OMC en Hong Kong nunca fue vista como un punto final de las negociaciones, pero es decisiva porque se espera que ella pueda fijar metas y parámetros más claros para orientar a los negociadores en la discusión hasta diciembre del 2006, fecha vista por todos como límite para alcanzar algún acuerdo. Sin embargo, después de un breve período de aproximación, los negociadores parecen estar zambulléndose en desconfianzas, como la del Itamaraty, respecto al real interés de la UE en ampliar la apertura agrícola.